Fue desde su experiencia como catedrático de la Universidad de Virginia desde donde descubrió lo que para él era la deficiencia principal de las escuelas norteamericanas: la falta en muchos niños del “saber cultural” (cultural literacy). Con este término que él acuñó, Hirsch quería referirse a esos conocimientos que los niños adquieren de modo inconscientes en el ámbito familiar, y que ya no pueden presuponerse en niños de ciertos grupos sociales. Sus primeras propuestas para reorientar la escuela las formuló en su obra Cultural literacy (1987). Poco después puso en marcha la Core Knowledge Foundation, una red de casi 800 escuelas hoy en Estados Unidos, donde se ponen en práctica sus ideas. En 1999 publicó un segundo libro sobre el tema, que es el que ahora llega traducido al lector español. En él se hace eco de la polémica que sus ideas provocaron, a las que se acusó de nostalgia conservadora. Hirsch propone una estrategia educativa que prioriza los contenidos y deja en un segundo término el pensamiento crítico. Escrito y concebido desde la realidad de Estados Unidos, el retraso con que nos llega su traducción no le resta interés entre nosotros, donde está abierto el debate entre una educación
centrada en el conocimiento o centrada en el aprendizaje.
