Este libro es un buen antídoto contra esa visión simplificada de nuestra historia que identifica liberal con modernizador y católico con reaccionario. Es cierto que en el catolicismo español predominó una postura antiliberal, pero hubo católicos que pensaban que el liberalismo era compatible con su fe: algunos asumieron el racionalismo y el cientificismo liberal de modo poco crítico y redujeron el cristianismo a una religión sin dogmas, pero otros deslindaron lo que es irrenunciable para la fe cristiana de aspectos más políticos, como la tolerancia, la soberanía popular, los derechos humanos o la libertad religiosa. El recorrido histórico que nos ofrece el autor se remonta a la Escuela de Salamanca, a la que considera precedente de las grandes ideas liberales tanto en lo político como en lo económico. Pero la atención principal del estudio se concentra en los siglos XIX y XX, haciendo desfilar por las páginas a muchos de los que intentaron una síntesis de los principios del liberalismo con la fe católica. Este recorrido se convierte en una historia sobre todo política de nuestro país, mostrando cómo, en medio de unas relaciones no siempre fáciles entre la Iglesia y el pensamiento liberal, en todo momento hubo católicos que se esforzaron por hacer de puente y que dejaron la impronta de su fe en las instituciones del Estado moderno. Pero también queda de manifiesto cómo el problema enfrentó continuamente a distintos grupos de la Iglesia. El autor desea destacar además la contribución positiva del pensamiento liberal a la evolución de la Iglesia en sus relaciones con el mundo moderno, gracias a personas que hicieron en su vida la síntesis de liberalismo y catolicismo. Sin embargo, la perspectiva que adopta el autor corre el peligro a veces de identificar demasiado precipitadamente liberalismo y pensamiento progresista sin más.
