El autor defiende la concepción personalista de la bioética ya que tiene en cuenta la doble dimensión espiritual y corporal del hombre de una forma integral y como un todo unitario, cuyo objeto y fin principal es la tutela del derecho a la vida en todas sus fases, a diferencia del utilitarismo y relativismo que niega un valor especial a la vida humana, asociándola a criterios producidos por la propia sociedad o producto de determinadas ideologías variables según las necesidades propias de cada momento o del interés preponderante en cada caso: individualismo en unos casos y/o colectivismo en otros