Nos enseña que la distancia que existe con Cristo es la que nosotros creamos
«Cuando uno lee este libro comprende que la única distancia que puede existir entre él y Cristo es la que uno mismo crea. Comprende que Dios ha venido para quedarse. Él conoce nuestra humanidad, nuestras triquiñuelas para mantenerlo ‘a raya’, ‘en su sitio’; podemos esquivarlo, no mirarlo, pero no podemos decir que permanecer a su lado sea algo complejo o solo para algunos. De hecho, la liturgia es lo que la Iglesia nos ofrece a todos, domingo tras domingo, a lo largo de todo el año».
(Marta Hernández, en Huellas)